Se puede contemplar desde varios miradores a los que se llega a pie, en coche o en bicicleta. No es posible rodearlo a pie y está prohibido bañarse en él, ya que se trata de un estanque protegido, donde se practica la caza del pato y la pesca en temporada. Su color lechoso, que tiende al blanco según la luz, se debe a su escasa profundidad y a sus fondos arenosos. Es un lugar espléndido en cualquier época del año, con sus colores cambiantes, y su tranquilidad te relajará sin duda alguna. En medio del estanque se divisan las «tonnes», que son nuestras cabañas sobre pilotes; pertenecen a cazadores que las ocupan durante la temporada de caza. Y para prolongar la experiencia del estanque, dos establecimientos te dan la bienvenida: la Villa de l’Étang Blanc y Les Roseaux, donde podrás disfrutar de una pausa gastronómica a orillas del agua.

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